jueves, 14 de mayo de 2026

JOSE MARÍA EÇA DE QUEIROZ. LA ILUSTRE CASA DE LOS RAMIRES. LA MUERTE DE LA MUJER DE UN AMIGO.

    Aunque me estoy quitando de leer novelas, de vez en cuando leo algún clásico o releo alguna de buen recuerdo. El caso es que en el mastodóntico libro en forma de diarios que desarrolló Bioy Casares con Borges a lo largo de casi toda la vida, hablaban, claro, sobre todo de libros. Casi siempre, o mejor, frecuentemente, hablaban de libros o de autores para denigrarlos. Mal de Baroja, mal de Azorín, mal de Hemingway, mal de Joyce, mal de Quevedo. Sin embargo de este, de Eça de Queiroz, y concretamente de esta novela, La Ilustre casa de los Ramires, solían hablar bien. Un tipo de alta alcurnia escribe una novela sobre sus antepasados ilustres.

   Dice Gonzalo en su novela: “Estoy escribiendo una novela. Una novela corta, para los Anales de la Literatura e Historia, una revista que fundó un amigo mío, Castañeiro. Es sobre un hecho de la historia de nuestra familia. Sobre un abuelo nuestro antiquísimo: Tructesindo.

  ¿Y qué hizo?

  Horrores pero pintorescos”.

   Osea, Eça de Queiroz escribe una novela sobre un tipo que escribe una novela sobre un tipo.

   “-No tiene nada de particular. Estas mujeres tan hermosas son insensibles; mármoles bellos, pero mármoles fríos. No, Gozaliño, no; para sentimientos, alma… y lo demás, denme mujeres menudas, morenas, delgadas. Esas, si… Pero estas opulentas, blancotas, del género de Venus, están bien para el Museo”.

   Me llega el último libro de Trapiello y acelero la lectura. Incluso le pido a la IA que me haga una rápida reseña, breve, que no están los tiempos para largas parrafadas. Así que acelero. Las últimas páginas me las bebo a grandes tragos debido a la impaciencia. Trapiello se salta con mi permiso cualquier espera.

 “La ilustre casa de los Ramires es una de las obras cumbres de José Maria Eça de Queirós, donde el autor despliega una sátira brillante sobre la identidad portuguesa a finales del siglo XIX. La novela sigue a Gonçalo Ramires, un hidalgo provinciano de linaje antiquísimo pero fortuna decadente, que intenta recuperar su prestigio escribiendo una novela histórica sobre sus antepasados medievales. A través de una narrativa de "espejos", la obra alterna entre la vida cotidiana de Gonçalo —marcada por la indecisión, el oportunismo político y una moral ambivalente— y las proezas heroicas y brutales de sus ancestros, creando un contraste magistral entre la gloria del pasado y la mediocridad del presente.

Lo que hace a esta novela excepcional es la transición de Eça desde el realismo crítico hacia un simbolismo esperanzador. A diferencia de sus obras anteriores, cargadas de un pesimismo mordaz, aquí el autor utiliza a su protagonista como una metáfora de Portugal: un hombre que, pese a sus flaquezas y cobardías, posee una bondad intrínseca y la capacidad de regenerarse. La prosa es elegante, irónica y rica en matices psicológicos, logrando que el lector sienta una mezcla de burla y afecto por Gonçalo. Es, en definitiva, un retrato psicológico profundo y una reflexión atemporal sobre cómo la herencia histórica puede ser tanto una carga asfixiante como un motor para la redención personal”.

  Tiempo de realización: menos de dos segundos.

 

 

    El domingo estuve en el tanatorio. La mujer de un amigo murió de cáncer. Tenía ella justo la edad de la mía, con la diferencia de un día. En la sala una pantalla dividida en dos. En la derecha una foto suya, guapísima, elegante, y en la parte izquierda una sucesión de fotos de su vida. En la boda, después de tener un hijo, en una celebración. Qué pena. Fuera estábamos algunos amigos y uno contó un chiste. Es sabido que hay pocos lugares más propicios que un tanatorio para contar chistes y reír.

 

  Un hijo se dirige a su padre, serio, apesadumbrado. Papá, me han tumbado en el examen de lengua. ¿Por qué? El profe me preguntó por un sinónimo de “contiguo”. Y la verdad, no se me ocurría ninguno. “Aledaño” le dijo el padre. Eso es, ¡¡voy a ir y le voy a dar una paliza!!

 

 

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