jueves, 28 de marzo de 2024

CRUZAR EL DANUBIO. IGNACIO CARRION

   Qué mejor libro que éste después de leer los primeros cuatro libros de sus diarios, casi su vida entera, si prescindimos del último, el de su muerte.

  Con esta novela Carrión ganó el premio Nadal del año 1995. Y en él se cuentan los episodios de un periodista que viaja en sus cosas de corresponsal y tiene movidas con las mujeres de su vida: su mujer, su amante, su madre, en un revoltijo dañino casi a partes iguales.

  Está bien y me alegro haber leído sus diarios antes porque en esta novela se reflejan casi todos sus traumas, sus miedos, sus angustias y preocupaciones. La relación enfermiza con su madre, sus trabajos periodísticos, sus viajes, sus entrevistas a personajes importantes, su estancia en Viena para ver a un psiquiatra que le tratara.

  El libro lo vi en El Rastro en esos puestos en los que hay miles de libros amontonados y que por lo que vale un café te llevas uno de esta guisa. Dos euros. Tres si te llevas dos.

  Quién me iba a decir que aquel día de hace un año o dos aquel voluminoso libro de más de mil páginas de tapa dura y a un euro,  me iba a llevar a leer casi sus obras completas.

  En sus diarios conviven perfectamente ensamblados hechos históricos y detalles íntimos, quizá demasiado: “Al poco rato de estar juntos en la misma habitación llega el momento de tener que usar el retrete. Y antes o después también llega el momento crítico de los pedos”.

  Un párrafo casi calcado en sus diarios. En el de La hierba crece despacio: “Por qué era tan cochino su marido y se la metía por detrás. Por qué se empeñaba en metérsela siempre por detrás el santo marido de comunión diaria”.  

  Sobre las crónicas de guerra y las mentiras: “Rara vez se cometieron las mismas matanzas. Los periodistas mienten en las guerras como tratan de hacerlo en la paz. En las guerras son engañados sistemáticamente por los portavoces del bando desde el que informan”.

  Los libros de Ignacio son tristes. Ahora puedo relacionar una infancia infeliz con una vida infeliz. Su madre le atormentaba de niño con sus neuras. A un niño hay que darle estabilidad, tranquilidad, seguridad. “La madre de Juan aseguraba que nunca tenía nada que celebrar. Repetía que en la vida no valía la pena celebrar más que no haber nacido y eso era imposible”.

  Desmontando mitos. Lawrence Durrel… he recordado que en una de sus novelas se alegra de haber envejecido y haber derrotado el deseo insano e incontrolable del sexo. Quizá tuviera remordimientos. “La hija de Lawrence Durrel se colgó de una viga después de dejar una nota en la que exigía que en el supuesto de que su padre el famoso escritor del Cuarteto de Alejandría quisiera ser enterrado a su lado nunca fuera enterrado cerca de ella que había sido forzada al incesto a los 18 años”.

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