domingo, 8 de febrero de 2026

EL MÉDICO RURAL. FELIPE TRIGO. Y EL BOINISMO.


  De Felipe Trigo no me entusiasmó la lectura de su obra más difundida, Jarapellejos, pero esta me ha gustado mucho, El médico rural. Le seguí el rastro durante años. No sé por qué me gusta la obra que escriben los médicos sobre su experiencia. Este mismo, Trigo, cuya labor médica se desarrolla en Extremadura y posteriormente en Filipinas como médico militar. Miguel Torga, lo mismo pero en el campo de Portugal. Escenas de la vida de un médico de Fernando Namora, libro al que le sigo la pista también desde hace un tiempo. Las experiencias del neurocirujano Henry Marsh, Ante todo no hagas daño, divertidísimas e… inquietantes, Chejov, Conan Doyle, y cómo no, El árbol de la ciencia del médico triste: Pío Baroja. 

  En una mañana de noviembre pasado, después de una exposición, encontré una librería de viejo en la zona de Antón Martín y, claro, entré. Pregunté si lo tenían y lo tenían: edición de Taurus del año 1978. Siete euros.

  Y qué pena da leerlo. Sé que la carrera de estudiante en Madrid estuvo salpicada de borracheras, juergas con amigos, pensiones de mala muerte, amores prohibidos y hasta un traslado a Sevilla por ver si se regeneraba. Luego mal número para elegir plaza teniendo que aceptar una en un pueblo pequeño ya con mujer joven y una hija. La novela es autobiográfica. Una España atrasada de finales de siglo XIX y principios del XX, donde la ignorancia y el atraso mandan. Enseguida le llegan los primeros casos y las primeras frustraciones. No saber qué hacer, el síndrome del impostor. Tener que tratar con el barbero, ignorante pero sabiondo y charlatán. Ver la impotencia de no poder curar a la señora que se muere ante sus ojos afectada de una parálisis, sin métodos para el diagnóstico, el de un niño afectado de “escrófula”, me acabo de enterar, afectación de los ganglios linfáticos pero con otras acepciones negativas de carácter. Con el ojo infectado y con glaucoma si poder enviarlo a un especialista porque entonces no había cómo. Qué atraso. Otro de los motivos que encontró Brenan en su Laberinto español para intentar explicarse los motivos de la Guerra Civil.

 

  “aquel recelo sincerísimo tenía por fundamento la escasa fe de Esteban en sí propio, en su aptitud para ejercer la profesión”.

“Triste, muy triste, Esteban íbase acercando al pueblo, especie de infierno en cuya árida fealdad se contenían toda la suciedad y toda la ignorancia”.

  Las quejas de su marido que debió padecer su mujer, jovencísima esposa allí metida entre las paredes de establo de un pueblo pequeño. “-¡Mora, Jacinta, no sé nada! ¡Nada!- acababa por confesarla, en una explosión de llanto-¡Se muere esa mujer, y no puedo ni saber de qué se muere!”.

  Todo esto y su posterior experiencia en Filipinas de donde casi pierde la vida seguro que ayudó a terminar con su vida en Madrid con poco más de cincuenta años. Demasiado para un alma sensible.

  Y qué párrafo más precursor: “”Miro los libros, los inútiles libros que yacían en el estante como otro sarcasmo bien feroz, y vio cerca de ellos la escopeta; le recorrió un espasmo: ¡su única resolución de dignidad, tal vez sería matarse!”.

  A veces relata escenas médicas que sólo podría haber escrito alguien con experiencia médica como cuando cuenta un parto complicado. Es angustioso solo de leerlo.

  Ahora a buscar (sin prisas) sus libros sobre su formación en Madrid y sobre la vida crápula en la capital.

    Siguen los ríos de tinta en el caso Uclés. El boinismo como movimiento literario. Mi poema explicativo, que no artístico.

David Uclés es un escritor de Jaén, para más señas ubetense

que ha vendido a miles, Casas Vacías, Penínsulas y Ciudades muertas,

bocas y chanclas  pero no le da para comprar en el Retiro, en Sol o en Malasaña,

un apartamento, una chabola, un loft, un palacio o un chalé.

Y lo dice él, la presidienta, Pérez Reverte y hasta el médico forense.

Defiende que la guerra no la perdimos todos

Pero sí que los dos bandos la perdieron, y así, ¡hala! se fue de la ponencia.

Que la ganó de mala manera un dictador, la guerra

Que duró hasta su muerte y aún más allá, hasta la primera huelga general.

Y lo dice él, que a Reverte, el ponente, no le guarda rencor.

Ahora ataca de nuevo con la novela del Nadal

Inspirada en la Barcelona del apagón y ¿del procés?

Sacando Barcelona completa, a Marsé, a Laforet, a Casals,

¿a Labordeta?, a los olímpicos Mercury, el del arco de fuego y la Caballé

Y lo dice él, su boina con la cuerda guita, un contrapeso popular de Juan del Val.