lunes, 12 de octubre de 2026

FÉLIX DE AZÚA. AUOBIOGRAFÍA SIN VIDA.

 

   Este libro de un escritor y periodista al que tengo como una de las tres patas de siempre junto a Savater y Trapiello, y no es una autobiografía aunque lo diga su título.

  En la última feria del libro de Recoletos lo vi el primer día junto a su otro libro Autobiografía de papel y los dejé pasar. Una semana después solo tenían este y me lo llevé por cinco euros.

  Y todo vino porque el otro día escuché su entrevista de la Fundación Juan March y tocaba estos temas. Su experiencia sobre la estética, la evolución del arte, el lenguaje y el papel de la literatura. Mejor que lo explique él: “Las páginas que siguen desean dibujar una guía que a modo de mapa permita orientarse en una vida de imágenes, es decir, lo que las imágenes le han hecho a la vida. Y como no podía ser de otro modo, este relato consta de una serie de despedidas. Podrían haber sido otras, pero creo que bastará con unos cuantos ejemplos de amores y odios perdidos en la abstracción de una espléndida obra de arte”.

 

  Tiene una increíble capacidad para expresar imágenes poéticas en un solo párrafo: “El adolescente vive en una burbuja con paredes de espejo y sólo se entiende, o cree entenderse, con quienes, como él, viven en un reflejo”.

 

  “Crecía el burgo y menguaba el bosque. Había hecho su aparición La Sociedad, ese disimulo de la vida animal que convierte a los humanos en eficaces utensilios jurídicos”.

 

  “Todavía hoy, dos siglos más tarde (de la R. francesa) nadie sabe de qué se compone el Pueblo, sólo conocemos a sus mercaderes, a sus trileros, a sus carniceros, aunque es verdad que algunos años de invierno frío el Pueblo se convierte en una excelente máquina de matar”.

 

 

 

 


 

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