lunes, 2 de noviembre de 2020

02 de noviembre

 

02 de noviembre. 

  Ayer por la mañana salimos mi mujer y yo a dar un paseo. Una mañana de sol parecida a las mejores de la primavera. A la vuelta pasamos por los barrios nuevos del oeste, los que dan a las pendientes que bajan hacia Brunete. Al pasar por un contenedor de basuras vimos a una joven que tiraba montones de libros. Los iba introduciendo en el de papel. Nos acercamos y le pregunté de la forma más amable posible: ¿Estás tirando libros? Me miró, no me dijo nada, se dio la vuelta y siguió tirando libros desde el maletero del coche. Volví a preguntarle si podía ir dejándolos en el suelo, que yo los revisaría y los seguiría metiendo en el contenedor y que otros me podrían interesar. Entonces me dijo, muy triste, que no me lo recomendaba por el covid. Mi mujer me tiró del brazo para alejarnos. “Además, los puedes leer en internet; casi todos son del año capatún”. Como si en los libros la edad fuera un defecto. Me fui conmovido. Mi mujer y yo comentamos que aquellos libros seguramente eran de un familiar muerto de la maldita enfermedad. Estamos asistiendo a un profundo cambio en el mundo. Y no me gusta nada. Antes éramos felices y no éramos conscientes.

domingo, 1 de noviembre de 2020

FE DE VIDA. JOSÉ RAMÓN RECALDE


   En septiembre de 2002 un pistolero de ETA quiso matar a este consejero del gobierno vasco pero “solo” le metió la bala por la boca, lo que le costó varias muelas y la reconstrucción de la mandíbula, una especie de amargo antecedente de Lançon explicado en su estupendísimo libro El colgajo. Antes estuvo, en los años sesenta, en las cárceles franquistas por su militancia en organizaciones de izquierdas, etc. Un ejemplo gráfico que aparece en este preciso libro: el de los abanicos japoneses que se abren y se siguen abriendo hasta que los extremos se tocan formando un círculo. Víctima del franquismo; víctima del mundo etarra.  

   Fe de Vida, es el resultado de haber echado la vista atrás, hacia sus recuerdos vitales, políticos y familiares.

  Junto a su mujer, y otros dos amigos regentaban la librería Lagun. En general son un poco plastas, las memorias, sobre todo cuando cuenta su pertenencia a los Felipes, los FLP, Frente de Liberación Popular, muchos nombres y pajas mentales de la época. Pero tiene algunos capítulos interesantes: Precisamente el de la librería. Y cuenta una cosa sobre nuestro Muñoz Molina y otros escritores “… venían… Félix de Azúa, Molina Foix, y Muñoz Molina, quien, cuando estuvo en San Sebastián haciendo el servicio militar apenas había iniciado su carrera literaria, pero ya era visitante de la librería, y confesó luego haber robado libros en aquella época, pecado que ha compensado con creces con solidaridad y ayudas en épocas de desgracia”. Las memorias van remontando en intensidad e interés según se van aproximando a la actualidad. Cuando habla del terrorismo de ETA y de sus víctimas (de políticos) aunque estas tengan para él también su grado de importancia según pertenezcan a un partido o a otro.

  Para ilustrar la diferencia entre la época franquista y la, para los abertzales la de ahora, cuenta un capítulo en la que la policía hace una visita a su suegro, el notario Miguel Castells, los policías “a modo de justificación jurídica manifestaron: -Estamos en estado de excepción y hacemos lo que se nos pone en los cojones”. Y sigue explicando que esta es la frase que consta en autos del juicio pero aclara que la realidad era distinta: “Estamos en estado de excepción y hacemos lo que nos pone en la punta de los cojones”, y dice que la ha corregido en el auto porque “no creo que ningún policía de Social (ni de ningún otro cuerpo) haya presumido nunca de tener cojones puntiagudos”. Era muy sarcástico como se ve y efectivamente es muy ilustrativo para diferenciar un régimen de otro. “Recuerdo que celebré su muerte y hoy, desde luego, me avergüenzo de ello”. Se refiere aquí al asesinato del inspector Melitón Manzanas y es ilustrativo ese “desde luego”.

  “La patria es, en España, un sentimiento sencillamente popular, del cual suelen jactarse los señoritos. En los trances duros, los señoritos la invocan y la venden, el pueblo la compra con su sangre y no la mienta siquiera”. Del siempre clarividente Antonio Machado. Página 229.

  Y acabo de terminar de ver los ocho capítulos del documental Desafío ETA en Amazon Prime que dice mucho pero, desgraciadamente podría servir, el material que ha provocado la organización criminal durante cincuenta años, para ochocientos capítulos más.

  José Ramón Recalde murió hace cuatro años y la ETA desapareció, al menos su brazo armado, hace nueve. Que descansen todos en paz; los que puedan.

 

miércoles, 28 de octubre de 2020

DIARIO. ANDRÉ GIDE.

 

  El otro día visité la librería Solidaria de la que hablé hace unas semanas y me llevé cuatro libros por doce euros, todos en perfecto estado. El corazón es un cazador solitario, uno de recopilación de ensayos de Savater, un ensayo de J.A. Marina,  Las Culturas fracasadas y los Diarios de André Gide. Es un peligro visitar esa librería y así se lo dije a las dos encantadoras ancianas que la llevan. No dan nada por recibir y cobran poco en la venta, etc.

  Los diarios están bien. Y eso que no es un autor del que me apasione su obra. Ni me gustó mucho Los Monederos falsos ni  Corydon. Sí su libro del viaje al Congo donde denunció los abusos de las colonias. El libro que he terminado es el de los diarios. Era un tipo que podría ser el equivalente aquí a Gil de Biedma, salvando las distancias, para donde se quiera. Homosexuales y pederastas pero genios en eso del escribir. Como en casi todos los diarios se habla de muchas cosas. De política (famoso su viaje a la URSS, de entusiasmo inicial, y luego las críticas hacia su persona por su decepción), de relaciones amorosas y de amistades, de intelectuales, de viajes, de sexo, de escritores; del que mejor habla: de Montaigne, y de Jünger, de Boswell. El diario, perteneciente a la colección que sacó el periódico ABC de literatura de viajes y que ahora se encuentra en multitud de mercadillos por poco más de un euro el ejemplar, comienza en 1888 y termina en 1948, o sea, todo lo más convulso del siglo XX.  Tiene un prólogo de Laura Freixas y una cronología abarcando la totalidad de la vida del autor.

   Gide fue otro autor en el que la cuestión de la religión costó grandes reflexiones. Incluso llegó a comprar, otro, el comunismo con el cristianismo, dos formas de religión, con o sin fe. Fue el autor que quiso romper con las convenciones sociales de su época. Y tuvo problemas como es natural. Hizo campaña por la homosexualidad e incluso alardeó de sus tendencias pederastas. En uno de los pasajes de un viaje a Egipto se podría sustituir por la experiencia, tan parecida, a la que tuvo Gil de Biedma en Filipinas con jovencitos. ¿Hay que juzgarle por esos comportamientos o por su obra? Eterna cuestión. Yo desde luego no soy de los que juzgan a Woody Allen o a Roman Polanski o a Biedma o a Gide.

  Me han resultado amenos estos diarios y eso que me daba un poco de miedo porque tiene letra menuda. Se deja leer y he subrayado bastantes párrafos y frases de las que dejo aquí una selección:

  “Un carro de hortalizas acarrea más verdades que los bellos períodos de Cicerón. A Francia le pierde la retórica”. A lo que habría que añadir que también a Gide.

“La mayor parte de las querellas desarrollan un malentendido”, cuánta verdad. 

  De una conversación con Óscar Wilde, decía éste: “He puesto mi genio en mi vida, y no he puesto más que mi talento en mis obras; lo sé, y ése es el gran drama de mi vida”.

  “En el desierto la idea de la muerte nos persigue; y cosa admirable, no es triste”.

  Y un párrafo exquisito de las moscas en la página 78 del cual solo entresaco una frase: “Las moscas, en estos países, son tan numerosas como la posteridad de Abraham”.

  “He dejado casi de salir y me levanto cada mañana con la alegría de saber que se extiende ante mí una larga sucesión de horas”. Sentimiento que experimento tal cual desde hace unos meses. Felicidad.

Y una anécdota exquisita que le narró un amigo, Edouard Ducoté: “Cuando, tras una furiosa carga con bayoneta, los soldados entraron en la granja para descansar y comer algo, ninguno de ellos aceptó degollar el cerdo que debía servirles de almuerzo. Hubo que echarlo a suertes y el designado por la paja más corta se fue lejos de sus camaradas, escondiéndose para cumplir su cometido”.

  “Lo que más aprecio sobre todo en Nietzsche, es su odio hacia la ficción”. 

  “Uno se pregunta, al ver ciertos libros: ¿Quién puede leerlos? Al ver a ciertas personas: ¿Qué pueden leer? Y finalmente, encajan”.

  Y para terminar, justo lo que yo pienso: Si yo fuera rico… “Algunos días me parece que si tuviera a mano una buena pluma, buena tinta y buen papel, escribiría sin dificultad una obra maestra”.

  Gide muere en París el 19 de febrero de 1951.

domingo, 25 de octubre de 2020

XAVIER DE MAISTRE. VIAJE ALREDEDOR DE MI HABITACIÓN.

 

  No entiendo que este libro lo leyera hace diez años y no pusiera aquí nada sobre su lectura. Sí, en una entrada de ese año dice que lo leería, y lo leí, pero no puse nada, algo raro. Y sé que fue hace diez años porque en la anotación que hago a todos los libros que comienzo a leer puse que lo empecé el día que mi hermano Dani se iba a vivir a Buenos Aires. 9 de febrero de 2010. El otro día leí algo sobre esta obra tan original y sutil y lo busqué. Me costó encontrarla. Está editado en El Funambulista en la colección de grandes clásicos. Ha sido comentado por infinidad de escritores y ha servido para resaltar el poder de la imaginación, junto a El Peregrino de la estrella de London, a Stern, etc. El caso es que, en estos tiempos de confinamiento y hastío, qué mejor que leer esta clase de libros. Es por tanto una relectura como lo fue en los meses más duros la relectura de la Peste, de Camus.

  El argumento es el siguiente, Maistre, noble de Alsacia, militar destacado en Turín es arrestado en su domicilio por un lío de un duelo. Y el hombre en vez de tomárselo a mal, a la tremenda, se dedica a viajar por su habitación echándole, es verdad, una imaginación prodigiosa. Habla de unos cuantos temas; tampoco muchos porque es cortito y tampoco es que estuviera una eternidad recluido: mes y medio, menos de lo que nos hemos tirado nosotros en esta caca de año que tan poco le va quedando, y lo que nos queda.

  En efecto, recorre la casa, mira cuadros colgados y los comenta, se mira en un espejo y filosofa en consecuencia; de alguna manera también me recuerda a Oblomov y su relación con el criado, se acuerda de amantes, de su querido amigo, habla encantadoramente de su perra (hasta me emocioné recitando el párrafo a E. contando ese amor incondicional) “…no ha habido el menor enfriamiento entre nosotros, y si ha surgido entre nosotros algún pequeño altercado, confieso de buena fe que la equivocación ha sido siempre por mi parte, y que Rosine ha dado siempre los primeros pasos hacia la reconciliación”, y llega a tener un diálogo con Platón, Aspasia, Pericles, Hipócrates, y otros filósofos. Impagable lo que le dice este último en sueños: “Si los descubrimientos de los que me habláis fuesen ciertos, y si hubiesen sido tan útiles a la medicina como pretendéis, habría visto disminuir el número de hombres que descienden cada día al reino oscuro, y cuya lista común, según los registros de Minos, que yo mismo he verificado, es constantemente la misma que antaño”.

  “Del mismo modo, la naturaleza, indiferente a la suerte de los individuos, vuelve a vestir el traje brillante de la primavera, y se adorna con toda su belleza alrededor del cementerio donde él reposa. Los árboles se cubren de hojas y entrelazan sus ramas; los pájaros cantan bajo el follaje; las moscas zumban entre las flores, todo respira la alegría y la vida en la estancia de la muerte; y por la noche, mientras la luna brilla en el cielo y mientras medito cerca de ese triste lugar, oigo al grillo que prosigue alegremente su canto infatigable, escondido bajo la hierba que cubre la tumba silenciosa de mi amigo”. Hermoso párrafo.

Hay otro libro de este autor que me apetecería mucho leer, El leproso de la ciudad de Aosta: “Al final de todo infortunio hay un goce que el común de los hombres no puede conocer y que os parecerá bien singular: el de existir y respirar”.  Curiosa frase en estos tiempos en el que pasear, viajar es ahora un lujo casi imposible.

viernes, 23 de octubre de 2020

MADRID. ANDRÉS TRAPIELLO.

  Era tanta la urgencia que tenía de leer lo nuevo de mi querido Trapiello que apenas he esperado un día desde que ha llegado a las librerías. He aparcado todo lo demás, Viaje alrededor de mi habitación, de Xavier de Maistre, tan adecuado en estos tiempos que sufrimos. Me fui al Gran Plaza II por eso de los confinamientos. Espero que no llegue un día en que los expertos, los historiadores del mañana, digan y afirmen que hicimos el primo. Precisamente así es como se dirigía el General Murat a los mandamases de sus demarcaciones para hacer entrar en vereda a sus paisanos. Cada vez me gustan menos las grandes superficies para comprar libros. Muchos y a la vez tan pocos. El caso es que allí fui y entré primero en la librería que hay pegada al FNAC. Había ya un montón de ejemplares, todos enrollados con celofán y con un obsequio de la editorial: Todo Madrid, en realidad un resumen del libro, unos “retales madrileños” como los llama el autor. En el FNAC los tenían desnudos y puestos en el escaparate de las novedades, y justo al lado de los anaqueles donde, del 1 al 10, se ponían por montones los diez más vendidos, cosa que me da mucho repelús. Así es que deshice el camino y me dirigí a la primera librería. Por el mismo precio. Eso fue el día 16 y hoy es 23 de octubre. Y lo dejo dicho para, como hace Trapiello en su libro para los siglos venideros, dejar constancia.

  Como todo lo que leo de Trapiello (un poco menos sus novelas; las que he leído) me subyuga. Es decir, me gustan sus diarios, de los que tengo todos los que se pueden tener sin vaciarse uno los bolsillos, sus artículos y sus libros digamos, enciclopédicos, como Las Armas y las Letras, El Rastro, y éste. Y éste con más razón porque es una mezcla de todo lo anterior. Es un libro sobre Madrid, a partir de ahora el Madrid de Trapiello, pero también es un libro autobiográfico aunque a él le cueste reconocerlo. Dice en una entrevista que si tuviera que hacerlo le daría otro tono. No sé, yo creo que en sus diarios está todo lo que puede estar. Lo conozco mejor que a mucha  gente cercana, si es que se puede llegar a conocer verdaderamente a alguien.

  El libro es un monumento a la edición, una obra de arte. La tipografía (aunque a veces se note que se vacía algún tarro de tinta o se vierte demasiado) las fotografías son pequeñas pero de gran calidad, el tamaño, el olor…, huele como una biblioteca recién cortada. En la portada hay una vista de Madrid, posiblemente desde la pradera de San Isidro, vistas que tanto gustaron a los más grandes pintores de la corte.

  Me gusta mucho leer cosas de Madrid en Trapiello como de Trapiello en Madrid porque aunque me saque casi diez años me reconozco en muchas de las peripecias que le han pasado. Yo también cogía aquella línea de metro, Empalme, yo también me enamoraba de una chica cada día, a veces de una misma varios días, también me he sentido solo en la gran ciudad, también he tenido que recorrerla buscándome la vida. También he quedado maravillado del cielo de Madrid. Una vez, esperando un autobús en la Plaza de España hacía un frío intenso y estaba anocheciendo. El azul era un prodigio. Nunca he visto un azul tan peculiar, como el color de las bolas cariocas de la infancia.

  De las cosas que habla Trapiello se puede decir que abarcan todas. Historia, literatura, protagonistas grandes y pequeños, su querido Rastro, el barrio donde vive, los amigos, los sitios donde ha comido, los restaurantes y bares, las librerías que frecuenta o han desaparecido, su familia. Y un apéndice donde se ponen los apuntes biográficos de sus grandes: J.R.J, Gómez de la Serna, Baroja, Mesonero Romanos, Solana, Goya, etc.

  He apuntado en un papel (no quería guarrear mucho mi ejemplar aunque estará siempre conmigo) las cosas que más me han llamado la atención.

  “Si lo que quieres es echar un quiqui en un bar al lado del Campo del Gas, suele parar Goya, que pega con polla. Pregunta por ella, dila que vas de mi parte; es bastante puerca y no es guapa, pero está muy buena y si le gustas no te va a cobrar y si te cobra no será mucho y la goma la pone ella”. El compañero que le tocó para proteger carteles. Pag. 51.

 “¿Y quién no ha soñado alguna vez que los libros se le escriban solos, arados por una yunta de críticos?” Sobre los bueyes que araban solos de San Isidro. Pag. 69

  “Hay una foto de la momia del Santo en un libro de España donde se dice en el pie “incorrupta”. Puede que lo esté, pero no tiene buen aspecto. Pag. 71.

  “Cuando miento, me aburro”. Fabrizio del Dongo en la Cartuja de Parma.

  “He callado hasta ahora este asunto por pudor. Si entonces hubiera tenido que reconocerlo me habría muerto de vergüenza, y aun hoy me invade un extraño sentimiento: yo escribía poemas”. Pag. 73.

  “Malo es el mutis que se deja aplaudir”. A. Machado. Pag. 173.

  “Porque lo cierto es que a estas alturas de mi vida no hubiera podido escribir ni una sola línea de la mayor parte del arte contemporáneo sin que me hubiera dado la risa o sentido bochorno de mis propios embustes”. Pag. 225. Y el caso es que siempre he sospechado de los críticos del arte contemporáneo y abstracto.

  “Madrid es la ciudad ideal para los que viven de una nómina de la Administración (el pan del Estado es escaso pero muy blanco), y también para tres tipos de personas: las de las clases pasivas, las que no necesitan nómina, y los que no van a tenerla nunca: es mi caso”. Pag. 229. Pero no el mío.

  “Pero si ahí había buscado y no estaba”. Pag. 253. Hablando de las calles de Madrid. A mí me ha pasado lo mismo en el Rastro. Voy buscando una calle que ya había visto y no la he encontrado, o al revés. He llegado a calles en las que nunca había estado y eso que voy a menudo.

  “Porque en Madrid todos los madrileños saben que descienden del azadón como el hombre del mono”. Pag. 254.

  “La gente llegó a no abandonar su butaca en el cine o el teatro cuando sonaban las alarmas antiaéreas, ni la cola del pan: encontraban más intolerable morirse de aburrimiento o de hambre”. Pag. 303. Ahora está empezando a pasar lo mismo, pero en todo el país. Si cumplen con las normas es para guardar las apariencias. Nadie está convencido de nada.

  “La cocina española está llena de ajos y preocupaciones religiosas”. Pag. 396. Dumas.

  “Todo el que se suicida se suicida por falta de imaginación”. Stendhal. Pag. 443.

  “Sin libertad no hay noticias y llenar periódicos sin verdaderas noticias es como jugar al tenis sin red”. Pag. 456. Quizá demasiada libertad también lo joda todo.

  “Se la empieza a leer ahora. Según su editor, la edición de 2002, primera en España y en español no tuvo en los periódicos españoles ni una sola reseña”. Sobre Clara Campoamor. Pag. 479.

  En fin, y un sinfín de noticias, de anécdotas, de historias más.

  Leyendo estos días entrevistas u oyéndolas por la radio me he dado cuenta que me estoy licenciando en la carrera de “trapilleismo”. Me lo sé casi todo. 

  Ahora a esperar con cierta ansiedad su nuevo volumen de los diarios, que según Miriam, su mujer, saldrá a finales de año o a principios del próximo. Por favor, que sea en el que salga su libro y en el que se acabe esta pesadilla.