viernes, 11 de noviembre de 2016

JAVIER REVERTE. EL HOMBRE DE LAS DOS PATRIAS. TRAS LAS HUELLAS DE ALBERT CAMUS.




  Posiblemente de Javier Reverte sea del que tenga más libros. Lo habré dicho ya seguramente hablando de los anteriores. Los cuento y me salen once, que no está mal. Cuando un escritor tiene éxito, y este hombre lo tiene desde hace muchos años, le deben llegar encargos para satisfacer a la industria, para satisfacer a editores, a su cuenta corriente. Deteriorada si atendemos a los problemas que hace poco ha tenido con Hacienda, y que tendrá todavía. Este libro, delicioso como todos los suyos, se podría haber encajado en un largo artículo de una revista como Jot Down, poco más o menos. Pero lo han envuelto en las ya típicas tapas de la editorial B (Papel), que intenta imitar a las agendas que llevan los reporteros y nos la han colado por veinte eurazos. Y yo digo: si sirve para lanzar arriba la industria del libro y de paso ayudar a un escritor que me gusta, bien gastados sean, aunque haya dado cuenta de él en dos sentadas; literalmente.  
  La estructura es tan simple como el resto de sus libros, casi todos los leídos, de viajes. Habla de sus peripecias y lo va alternando con la descripción del espacio físico, con la historia, con las anécdotas que sabe contar como pocos.
  Aquí nos habla de las vivencias de uno de los escritores más importantes del siglo XX: Albert Camus. Y echa mano de sus Carnets y de la novela autobiográfica, El Primer Hombre, aparte de otras obras. Quien las haya leído como es el caso le sonarán todas las citas. No importa, siempre es emocionante volver a leer, por ejemplo, la relación de Camus con su profesor Bernard.
  Una cosa que no sabía es que a Camus no se le quiere mucho en Argel, su tierra de nacimiento. La excusa que ponen es que para él, dicen ellos, los argelinos eran “los árabes”, y claro, no les gusta. Ahora parece que se remedia la cosa porque están comenzando diversos actos para reivindicar su figura.
  También se explica las trifulcas famosas de Camus y Sartre. Ésta por escrito y debido a diferencias en cuanto a valorar el comunismo: “Camus respondió con una carta dirigida directamente a Sartre, que la propia revista publicó, en la que insistía en su idea de que, en nombre de un proyecto de libertad y justicia, no se pueden justificar ni utilizar la represión y una política de campos de concentración. Y Sartre, ofendido, le contestó a su vez con otra carta en la que, entre otras cosas, decía: “Usted condena al proletariado europeo porque no condena a los soviets; y también condena a los gobiernos de Europa porque admitirán a España en la Unesco. Solo veo una solución para usted: irse a vivir a las Galápagos””.
Y es que, la finura moral de Camus se refleja muy bien en esta frase, criticando el terrorismo de las fuerzas del FLN: “En estos momentos están poniendo bombas en los tranvías de Argel. Mi madre puede estar en uno de esos tranvías. Si eso es justicia, prefiero a mi madre”.
  Otra joyita de Reverte para el gaznate. Quizá demasiado diminuta. No importa; seguiré comprando sus libros.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

PATRIA. FERNANDO ARAMBURU.




  Gran novela, de las que se convertirán en importantes. Cuando los historiadores buceen en los documentos, en las hemerotecas, les faltará “lo humano” para saber qué pasó. Con esta novela se sabrá un poco mejor qué clase de locura colectiva ocurrió en el norte del país contaminando a su vez de dolor a todo el resto.
  Es un juego dramático, de encaje de piezas, un puzle difícil y variado en el que al lector le es dada la capacidad para ir reconstruyendo un espacio lleno de matices, de pedazos de vidas, influidas por una lacra que ha golpeado a este país durante décadas: el terrorismo. Un buen escritor, pienso yo, tiene que tener la valentía, la capacidad, la técnica; en definitiva, el poder de convencimiento, de poder meterse en el cerebro de sus personajes, sacados de la realidad o no, y darles su voz, sus razones; como dice el autor “llenarlos de humanidad”. Un descubrimiento para mí este escritor. Ya tengo en favoritos para comprar “Viaje con Clara por Alemania”, que estuve a punto de comprar cuando salió y que ofrecían en Círculo, y “Años lentos” del que he leído por aquí buenas críticas.

  "Le parecía que, hasta la fecha, a las víctimas del terrorismo se les había prestado poca atención por parte de los escritores vascos".
  “Asimismo escribí en contra del crimen perpetrado con excusa política, en nombre de una patria donde un puñado de gente armada, con el vergonzoso apoyo de un sector de la sociedad, decide quién pertenece a dicha patria y quién debe abandonarla o desaparecer. Escribí sin odio contra el lenguaje del odio y contra la desmemoria y el olvido tramado por quienes tratan de inventarse una historia al servicio de su proyecto y sus convicciones totalitarias”. Parte de una conferencia que da un escritor dentro de la novela. Muy significativo.

  Al final un millar de muertos, una sociedad rota, viudas huérfanos, jóvenes pudriéndose en la cárcel… para nada. “Abrigaba la firme convicción de haber sido víctima de una estafa”, reflexionaba el personaje que encarna la figura del presidiario. Él se da cuenta de que su “sacrificio” no ha servido de nada. Ve en la televisión que la gente, con sus ikurriñas, sus bocadillos, sus hijos y amigos, asisten a un partido de futbol. “Y causas de causas que llevaron a nuevas causas y a la situación actual, la de un hombre sin más paisaje que las cuatro paredes de su celda, abrumado bajo el peso de lo que hizo en nombre de unos principios que otros idearon y él, obediente, ingenuo, asumió”.

  Con las últimas páginas de este libro, Patria, se me escapan algunas lagrimillas. Son pocas las novelas de las que pueda decir eso.

miércoles, 26 de octubre de 2016

RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA. AUTOMORIBUNDIA.


   Cuando uno lee a Gómez de la Serna se le está encendiendo una lucecita constantemente en el cerebro. Es chispa, humor, sorpresa, ingenio, inteligencia. Esta monumental obra, una curiosa manera de contarnos su vida, tiene novecientas páginas. Uno cree que según vaya avanzando en los años (nació en 1888) irá descubriendo los grandes acontecimientos históricos que le tocó vivir, la primera Guerra, la República, la Guerra Civil, la Segunda. No es así; los pasa de puntillas, y apenas se entrevé alguna queja, algún disgusto. Sí de los viajes que debe hacer, de las huidas. Él habla de la importancia de llamarse Ramón, de sus primeras lecturas, de su familia, de sus tíos, del colegio, enfermedades; pero contando tan solo las esencias, lo importante, sin detenerse en detalles superficiales, con suma maestría. Un conocido me decía que RGdelaS era un escritor para escritores. Puede ser, yo aún diría que ni eso porque apenas se leen ya sus libros.  
  A pesar de sufrir penalidades económicas (fue un escritor esencial, puro, decidido, apasionado, torrentoso) viajó mucho y reunió un tesoro de cosas inútiles y rocambolescas como las esferas, cuadros, lámparas, libros, o estampas, pisapapeles que tuvo que ir dejando o malvendiendo huyendo de la locura de los sitios.
  Habla mucho y bien de su ciudad, de mi ciudad, de Madrid. De sus amigos queridos, del café Pombo y tantos otros…, pero mejor que hable él, o por lo menos de lo que más me ha llamado la atención:





“¡Es tan difícil evitar la invención y la falsa anécdota!
  A mí me ha pasado que estando en algún café de barrio en que no me conocían, he oído achacar a ´Gómez de la Serna’ opiniones que nunca propugné, y he sabido de discusiones pintorescas en que se ha discutido que yo era calvo y gastaba bisoñé, o ya perdido el polemista al ver que le rebatían sus opiniones literarias sobre mí, ha acabado por decir: ´Sí, muy bien… Lo que ustedes quieran, pero pega a su mujer´”.
  Nada más ver el Imprescindibles de Chillida leo en este libro lo siguiente referido a Fernando, tío de Gómez de la Serna:
“-Es imposible venir a ver ya al tío Fernando… ¿A que no sabes qué me ha dicho hoy?
-¿Qué te ha dicho?
-Que ya no lee nada más que lo que dijeron de él en su época los periódicos y las revistas…
-¿Ni un periódico ni un libro de ahora?
-Nada… Absolutamente nada más que lo que dijeron de él en el pasado… Se va a poner imposible, no se va a poder hablar de nada con él”.


  


  Y qué precisión a la hora de describir a su tío Félix, el favorito: “Había sido honrado toda la vida. Había visto llegar los acontecimientos de su tiempo sin miedo. Pero su mayor valentía era mirar a través de los cristales de su balcón los inviernos helados de Madrid, sonriendo y frotándose las manos”.
  Me pasa leyendo un buen libro, Automoribundia lo es, vaya si lo es, que se encuentra enseguida cita para cualquier ocasión que se presente. Por ejemplo una entrada del blog de Muñoz Molina. Sobre la ciencia y las letras. Gómez de la Serna lleva un tiempo en París viviendo la bohemia y cuenta que Baroja les daba, como se decía, la cena. “… Baroja se empeñaba en ensombrecer la vida. Su monserga era la ciencia, y como nombre de combate tenía el del biólogo Metchnicov, que estaba entonces de moda: ´Nada… Lo que hay que ser es un Metchnicofff´ y le añadía tres efes en vez de su v final”. Me ha extrañado esta pequeña coz al gran Baroja, a quien nunca hubiera pensado que pudiera ser un pesado para nadie y menos para todo un Gómez de la Serna. Pero, de todos modos, a menudo pienso que qué suerte tenemos en poder disfrutar tanto de un libro. Para dar a entender lo lejos y a la vez lo cerca que estaba Europa de la gran guerra dice: “No había ni un gesto guerrero en aquellos hombres que muy pronto iban a ser movilizados”. Claro, ni un gesto guerrero.

 



   “… Aquí, donde Lope de Vega dijo del Quijote que no iban a servir sus hojas más que para envolver géneros ultramarinos o para más bajos menesteres, y Ruiz de Alarcón llamaba a Quevedo “pata coja” y Quevedo a Alarcón “corcovilla”, y Góngora a Quevedo “pedante gafo, que, de pasión ciego, la suya reza y calla la divina”, y Quevedo a Góngora, en numerosos sonetos, cosas tan fuertes como “perros de los ingenios de Castilla”, “verdugo de vocablos”, “musa momia, famélica figura”, y Góngora en el claro marginal de un libro de Lope: “Lopillo, eres un idiota, sin arte ni juicio”, además de otras muchas cosas por el estilo, no es posible congregar alrededor de la misma mesa a todos los poetas”.
 
  Y sigue:
   “Toda la historia literaria de España está llena de esas desavenencias entre los escritores y Fígaro, que es nuestro modelo más vivo, estuvo en riña y palamesa con muchos literatos de su tiempo, sobre todo con Bretón”
  “No hay arreglo. El escritor Castellano necesita de su furia independiente para acertar en su monólogo, para lograr la palabra justa, para encontrar la inteligencia de sus temas”.

  


No, se puede estar a las espinacas, la salchicha, o a la labor del campo, pero, yo al menos, siempre tengo la necesaria ilusión de comenzar ese nuevo libro que me espera en la estantería de salida. Por cierto, me espera el tomo de los Diarios de Guerra de Azaña que cacé el otro día casi al vuelo, a punto de alzármelo un mocetón acaparador en la última feria del libro antiguo. Por cierto ¡vi otros tomos de estas obras completas de Gómez de la Serna a 15 euros! ¡Y no las compré!

  Qué bueno que las páginas de libros como este se lean tan rápidas como la velocidad del paso de los días, los meses, los años.
  “Me ha sorprendido, como un anuncio de guerra, la aparición de una plaga de moscas venenosas en Portugal, en San Vicente de Foz, unas moscas extrañas que causan la muerte a los que pican sin que valgan los servicios médicos para salvarles”.
  “En Moscú, la Embajada de los Estados Unidos ha sido invadida por las ratas, pues aunque está establecida en un edificio de nueva construcción, se trasladaron a él desde la acera de enfrente unos seis mil roedores escapados de un viejo edificio derruido en estos días. Los gatos que se llevaron para dominar a las ratas huyeron en vista del poder innumerable de los invasores”.