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miércoles, 28 de octubre de 2015

GERALD BRENAN. DIARIOS DE LA GRAN GUERRA. RELATO DE UN SUPERVIVIENTE.




  Vaya, me entero a través de esta editorial (Confluencias) de que los derechos de la obra de este hispanista irán a parar a las arcas de Alahurín el Grande, que no es un descendiente Omeya sino un pueblo de Málaga (al que me han entrado unas ganas tremendas de ir). Allí está su fundación, el pueblo donde pasó los últimos diecisiete años de su vida. Es una historia humana muy tierna. Cuando se sintió demasiado viejo para valerse por sí mismo se fue a una residencia en Londres, pero una campaña en Alhaurín, promovida por el alcalde y admiradores, donde le ofrecieron cariño y cuidados, hizo que volviera. “Y en agradecimiento al pueblo, el escritor donó al ayuntamiento el pleno dominio de todos sus archivos, bibliotecas, obras, manuscritos, ficheros, fotografías, medallas y, en general, toda clase de documentos que tuvieran relación con su condición de escritor, así como también todos sus derechos de autor, sin limitación alguna".
  Y ¿Por qué se vino a España y se hizo hispanista? Porque su abuela trajo, siendo él niño, unas postales de la Alhambra de Granada de uno de sus viajes y esas imágenes se le quedaron grabadas.
  Le costó establecerse en aquella zona deprimida de la Alpujarra. Deambuló por muchas comarcas y aldeas y al fin recaló en Yegen, donde con el tiempo llegó a considerar como su tierra, su casa. Allí transcurren las deliciosas páginas de Al Sur de Granada.
  El libro de sus diarios no es más que un estrujamiento por editar toda su obra, sea esta la que sea, como pasa con todos los escritores importantes. Me ha parecido una obra menor, escrita por un jovencísimo británico recién licenciado y traumatizado por la guerra. No obstante tiene párrafos dignos de subrayarse y de recordar.
  El dolor de muelas en las trincheras. ¿Se puede imaginar algo más cruel? “Antes de llegar, padecí el más terrible dolor de muelas jamás imaginado. No sabía que tal dolor era posible, y no entendí por qué no acabó con mi vida”.
  También la sinrazón de los seres humanos. Seres humanos que se consideran religiosos: “Uno se pregunta cómo todas esas personas que aceptan la guerra escudándose en algún pretexto, pueden albergar unos corazones tan helados. También me pregunto cómo pueden engañarse diciendo que siguen las enseñanzas de Cristo”.
  Llegando al desencanto en cualquier forma de democracia o dignidad. “Los seres humanos nacieron para que los traten a patadas. Lo aceptan con sumisión absoluta, algunas veces lloriqueando, otras meneando los rabos. Les encanta que les premien con un viejo hueso para roer”.
  En Relato de un superviviente, escrito ya en su madurez, recuerda lo que le costó adaptarse a tener el mando de un puñado de hombres. “De manera casi inmediata, me vi sometido a una dura prueba. Al tercer día de mi llegada, tuve que poner a mi compañía a desfilar porque los demás oficiales estaban ausentes en otras campañas. Tuve que gritar las órdenes correctas, instruir y dirigir las maniobras de mi compañía y saludar con la espada. No sé cómo lo hice, pero no hubo nada en todo el transcurso de la guerra que me asustara tanto”.
  En “Ésta es mi tierra” (impagable la web de RTVE) un viejísimo Gerald Brenan se sincera con el periodista. Está decrépito. Sentado en una butaca mientras saborea un cigarrillo. “He sido feliz. Ahora no tanto porque sé que dentro de poco estaré muerto y eso da mucha pena, pero he sido feliz aquí”. Qué pena. Brenan murió en enero de 1987 y cedió su cuerpo a la ciencia. Estuvo sumergido en una bañera de formol hasta el 2001 en que fue enterrado en el cementerio de Málaga junto a su mujer Gamel. Qué grande y qué pocos libros suyos nos han llegado.

  

lunes, 19 de octubre de 2015

EL TIO TUNGSTENO. OLIVER SACKS.




  Aunque nunca hace falta ninguna excusa para leer a Oliver Sacks, la motivación más potente ha sido porque se ha muerto hace poco, 30 de agosto de este año, y porque escribió dos artículos memorables para despedirse antes de hacerlo. También porque supe que había dejado escrita su autobiografía “On The Move”, a punto de salir en versión traducida, y quería leer éste antes, que al fin y al cabo es un libro de memorias sobre su infancia, niñez y juventud.
  Una vez discutí “on line”, a raíz de la publicación de diversos artículos con motivo de su autobiografía (hizo pública su condición de homosexual) que, a mi entender, debió haber tenido una vida un tanto complicada al ser un emigrante (de Inglaterra a EEUU), un homosexual y una persona de origen judío. Alguien me dijo que no, que toda su familia, extensa familia, era de alguna manera científica: médicos, ingenieros, biólogos, químicos… y que de aluna manera su destino estaba determinado. Su tío Dave era químico y de alguna forma este libro está dedicado a él, el Tío Tungsteno. Su padre y su madre eran médicos y desde que Oliver fuera jovencillo le llevaban pequeños animales para que los diseccionara e incluso lo llevaron al hospital para diseccionar con cadáveres.
  El libro es delicioso en tanto que me gustan los libros que cuentan anécdotas de personas interesantes. Quizá no comparta tanto su pasión por la química y algunos párrafos (pocos) se hagan un poco pesados cuando se va por las ramas de la tabla periódica, o por los tubos de ensayo.
  La mayoría son unos párrafos tan sugerentes como éste: “…El tío Dave me contó que el fosgeno, cloruro de carbonilo, el terrible gas venenoso utilizado en la I Guerra Mundial, en lugar de indicar su peligro mediante un olor halógeno, desprendía un engañoso olor a heno recién segado. Ese olor dulce y campestre era lo último que percibían los soldados gaseados con fosgeno justo antes de morir, yéndose de este mundo con la fragancia de los campos de heno de su infancia”.
  “Llegué a odiar el sionismo, el proselitismo y el politiqueo de todo tipo, que consideraba ruidoso, entrometido  e intimidador.  Prefería el discurso sereno, la racionalidad, de la ciencia”.
  Sacks, habla también de sus lecturas, de un cuento que le entusiasmaba de H.G. Wells. El escenario es un mundo en una época futura. 800.000 años d.c. Está claro que el planeta llegará a esa era. No sabemos si las criaturas del mundo tendrán forma de ameba o de gusano. Pero en el caso de que lleguemos sin destruirnos las bibliotecas tendrán un aspecto diferente. Los libros serán visuales, interactuarán con el lector: música, paisaje, cuadros, rostros, olores, cuerpos, sensaciones, se sucederán mientras leemos. Madre del amor hermoso la de cosas que nos vamos a perder.
  “Me han contado que cuando tenía cinco años y me preguntaban qué era lo que más me gustaba del mundo, respondía: El salmón ahumado y Bach”. Cómo no lo voy a querer.

domingo, 18 de octubre de 2015

FRANCISCO ASENSI. LA SIBILA DE DELFOS. Asesinato en el cónclave.




  En julio nos fuimos toda la familia a una casa rural de un pueblo de Toledo, concretamente, Urda. La casa resultó ser una magnífica propiedad llevada magníficamente por Ángel y su familia compuesta de su mujer, dos hijas y el yerno. Tenía las suficientes habitaciones, espaciosas y climatizadas, un correcto salón donde degustar las estupendas comidas que nos sirvieron, y una piscina pequeña pero agradable, lo suficiente para soportar la tremenda ola de calor que sacudió a España durante la casi totalidad del mes de julio, un horno constante. En casi tres días da tiempo a hablar de casi todo y hablamos de mi amor por los libros. Cuando regresamos a Madrid, unos queridos primos de mi madre con los que compartimos esos días, quisieron obsequiarme con este libro. Con una dedicatoria: “Al mejor organizador del mundo. Te queremos”. E. y R. Soy malo obsequiando regalos y creo que peor aún recibiéndolos. Me da vergüenza y creo que se nota. Les dije que me había limitado a hacer la reserva y a concretar con Ángel los detalles. Con hombres como él todo es mucho más fácil. Sentido común y emanación de tranquilidad. El caso es que hace unos días terminé de leerlo y en contra de lo que me pareció la primera impresión, la de ser un best seller con autor español, me ha parecido una novela de intriga más que aceptable; incluso por encima de la exitosa “Código Da Vinci”, que es muy posterior. Francisco Asensi fue sacerdote durante diez años y estudió filosofía, teología e historia. También fue director de un colegio mayor universitario. Esta fue su primera novela escrita, del año 1996, por eso les costó encontrarla.
  Lo primero que sorprende es su carácter adivinatorio. Trata sobre un papa que, bordeando el final del milenio, dimite y se produce el consiguiente cónclave para elegir un nuevo papa. El casi seguro candidato aparece muerto en extrañas circunstancias. Según se va leyendo uno se va sorprendiendo que coincida en tantos aspectos con el tiempo actual. Toda la trama, muy bien hilvanada, sirve para hacer una crítica de la iglesia. Y como la iglesia siempre ha sabido sobrevivir a través de los tiempos, en este libro de ficción se especula con la idea de la introducción de la mujer en su seno. La Sibila es esta mujer.
Un párrafo significativo de por dónde se mueven los hilos es el que sigue: “¿Ha pensado, monseñor Alberola, lo que usted podría hacer por esa Iglesia, si llegase al pontificado? La Iglesia tiene que volver a sus orígenes, a su verdad evangélica… ¡Necesitamos un papa de esas agallas!”.
  “Si la Iglesia ´Católica no da esos pasos, no sobrevivirá por mucho tiempo”.
  “Miguel Ángel escribió: La mujer será la piedra de Pedro, pero ¿Qué significado tiene?”.
  Se habla mucho sobre la existencia verídica de la papisa Juana.
  No sabemos si a ciencia cierta existió o no pero, al menos, ha servido para introducirla en obras entretenidas y bien escritas como ésta.
  Jesús dejó unas cuantas frases, casi todas de amor. Miles de libros hicieron falta para ponerlas en práctica sin conseguirlo. Cuanto más religioso dice ser, más alejado de este Papa dice sentirse: porque habla de amor y justicia. Baudelaire decía que Dios era un escándalo, pero un escándalo rentable. Y el mensaje de Jesús no es rentable, ¿Cómo iba a serlo?

miércoles, 14 de octubre de 2015

GERALD BRENAN. EL LABERINTO ESPAÑOL.




  Muchas veces, discutiendo sobre política, digo que un suceso de la historia no puede explicarse como una fotografía. Hay que explicarlo como una película. Por qué han pasado las cosas; de qué hechos del pasado vienen estos que pasan.
  Cuando estalló la Guerra Civil Gerald Brenan estaba en Málaga. Fue al tinte desde Churriana a recoger unos pantalones y a comprar un libro en la calle Larios; libro que no tenían. Se compró la prensa, fue a un café y allí leyó lo del 18 de julio.  Cuando pasaron los días y vio que aquello iba en serio y que la vida corría peligro, se marchó a Inglaterra. Y allí se rodeó de libros e intentó explicarse qué demonios estaba pasando en España. Cómo habíamos llegado a eso. Y entonces, cuando más o menos lo tuvo claro, escribió este libro. Le costó lo suyo.
Desde que leí Al Sur de Granada el gran Gerardo es de mis favoritos; sin embargo hay pocos libros suyos editados. Hace un par de años leí su biografía, El Castillo Interior, de Jonathan Gathorne-Hardy y ahí se contaba todo esto: El Laberinto Español, Antecedentes sociales y políticos de la guerra civil. Sólo alguien que viene de fuera, no contaminado, puede entendernos. Alguien que, desde luego y sobre todo, nos quería como pueblo, con todos sus defectos y miserias. Me ha recordado, está narrado, en una forma parecida a la voz en off de la periodista Victoria Prego en los documentales de la Transición. Es una forma de recordar nuestra memoria histórica de lo más divertida, y no tan tremendista como la de la periodista madrileña. Quizá muchos no estarían de acuerdo con lo que se cuenta en estas páginas. Y es que han pasado más de setenta años de todo aquello. Ha dado tiempo a cepillar muchas "cosas". Nos recuerda por ejemplo de qué iban los catecismos en años tan cercanos como los años veinte para entender de qué iban las pretensiones y la línea moral de la Iglesia en aquella época:
  “¿Qué pecado es el liberalismo? Un pecado gravísimo contra la fe. ¿Por qué? Porque consiste en una colección de herejías condenadas por la Iglesia. ¿Es pecado para un católico leer un periódico liberal? Puede leer las cotizaciones en Bolsa. ¿Qué clase de pecado comete el que vota a un candidato liberal? Generalmente pecado mortal”. Estoy seguro que este párrafo le encantaría leerlo a Esperanza Aguirre.
  Siempre que leo un libro que me gusta mucho estoy más contento que de ordinario. No sé, me resulta cautivador saber que aún me quedan doscientas páginas de letra apretada y fascinante.
  Defectos: es tanta la materia a tratar en España desde la Restauración que siempre se tratan temas de forma superficial e inexacta, como por ejemplo el paso por la Guerra de Marruecos o el levantamiento de la Generalidad en la República. Pero con el estilo se puede perdonar todo.
  Ver a Gerald Brenan ante la caída en desgracia del general Primo de Rivera. “Era un típico desenlace a la española. No existe otro pueblo tan dado a elevar héroes; ninguno, tampoco, más pronto en echar abajo al héroe que continúa triunfando. Y en España no hay nadie que pueda triunfar y mantenerse mucho tiempo sobre la multitud”. Cómo nos conocía el de Bloomsbury.
  La edición que conseguí en la Cuesta de Moyano es la de Ruedo Ibérico, traducido por Cano Ruiz, del año 1962. 53 años. Los que yo tengo. 10 euros. Muchas horas de edificante lectura.

viernes, 9 de octubre de 2015

JULIO CESAR, LA GUERRA DE LAS GALIAS.



 

 Recorriendo por enésima vez la sección de historia de la Casa del Libro, vi una apetitosa edición del año 2010 (de la prestigiosa editorial Gredos) de La Guerra de las Galias, de Julio César. Ya la había visto antes pero lo que suele pasar es que se queda dentro el deseo y cuando te pilla débil… pues caes. Eso es lo que me ha pasado también, sin caer todavía, con la historia de Cuba del gran Huhg Thomas. Imagino que el autor seguirá con sumo interés las últimas novedades en la isla. Pero a lo que voy que me despisto.
  El libro del político y escritor romano fue escrito en el siglo I antes de Cristo pero parece que ha sido escrito en la última edición de cualquiera de las mejores revistas de reportajes históricos de la actualidad. Incluso con el mismo sensacionalismo contenido de los grandes autores. El libro relata las siete campañas que el autor lideró por las tierras que hoy en día componen los países de Francia, Bélgica, Holanda y parte de Alemania, y un poco de Inglaterra. Leyendo algunos de los relatos de batallas no he podido evitar recordar la primera y grandiosa escena de Gladiator. Cuenta que muchas veces los soldados estaban aterrados por la perspectiva de enfrentarse con rudos, agresivos y gigantes  luchadores de Bretaña. Pero debió ser un gran general y tener un potente ejército porque siempre consiguió la victoria. Siete capítulos para siete años de campañas.
  El libro es el informe de un general que ama la escritura. Y se nota. Quizá se exceda en el auto elogio y el de sus lugartenientes pero, ¿acaso no se ha hecho eso mismo a lo largo de la lista de vencedores de guerras?
  Se suceden descripciones sobre el carácter y las costumbres de los enemigos. Sobre las creencias de sus enemigos. Es curiosa la cercanía que existía entre los druidas y los jueces. Tanta que casi se mezclaba. “Los druidas atienden al culto divino, ofician en los sacrificios públicos y privados, interpretan los misterios de la religión: a ellos acude gran número de adolescentes para instruirse, y les tienen mucho respeto. Pues ellos sentencian casi todas las controversias públicas y privadas y, si se comete algún delito, si ocurre alguna muerte, si hay algún pleito sobre herencias o linderos, ellos son los que deciden y determinan los premios y los castigos”.
  Eso es conocer al enemigo tanto como a los propios soldados. Si vas a matar a tu semejante al menos saber de qué va. Aquí, en nuestras guerras civiles nos hemos matado entre hermanos y pensábamos que tenían rabo y cuernos. Y así no se puede ganar guerra que se precie. Y menos convencer.