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domingo, 26 de diciembre de 2010

GUY DEBORD


Debord nació en París en 1931. Su nacimiento coincidió con las réplicas en Europa del crack económico. Su familia, fabricante de zapatos, estaba decididamente arruinada. Pero según cuenta él mismo no le concedió a ese hecho la más mínima importancia. Más bien al contrario; le gustaba rodearse de cierto ambiente pobre y marginal. “Viviendo con ellos –con la clase peligrosa- uno vivía en gran parte su vida”.

Fue una de las figuras principales de mayo del 68 –cuántos han sucumbido en el desastre- y en una de sus primeras fotografías se le puede ver al lado de un graffiti que reza su primera rebelión: "No trabajéis jamás". Yo estoy con él cien por cien, pero la hipoteca...

Según cuenta Juan Goytisolo cuando llegó a París “Vivía con su compañera, Michèle Bernstein, en un hotel de la Rue Racine contiguo a aquél y les visité en una ocasión en un cuarto en el que reinaba un desorden extremo y casi ejemplar: libros, periódicos, prendas de vestir, botellas de vino o cerveza vacías cubrían la moqueta y el gran lecho. Aunque era mediodía, acababan de despertarse y permanecían en cama risueños y juguetones, como después de una noche de alegres festejos.”

Era un auténtico tocapelotas del sistema. En una ocasión publicó en su revista sobre La Internacional Situacionista un dibujo de un avión en llamas con un lema publicitario: "Directo al cielo con Air France". Si un miembro de su consejo editorial se atrevía a elogiar a alguno de los surrealistas o a elefantes tipo Camus, era despedido rápidamente.

Su libro más importante fue La sociedad del espectáculo”, que fue editada por Pre-Textos en una buena traducción de José Luis Pardo como cuentó Rafael Conte en el País. Y es que, en esto sí que acertó: vivimos en la sociedad del espectáculo. En este libro “denuncia la mutación que el capitalismo hace del pensamiento por el espectáculo como sustrato ideológico de dominación”.

Aquejado de una poliomielitis alcohólica incurable, decidió poner fin a su vida de un disparo en 1994.

martes, 21 de diciembre de 2010

Cuento frío de Navidad.

“Si al menos tuviera esta noche un contacto humano…” Pensó Julián. Hacía ya un rato que se habían apagado las luces de la churrería y del jolgorio de la gente. Apenas quedaba nadie y los pocos que se veían, achispados por el alcohol, caminaban deprisa hacia sus hogares, donde eran esperados por sus familias para celebrar la noche buena. Julián no tenía a nadie ya. Estaba sentado en el soportal mientras le caían copitos de nieve tan pequeños como los fulgores de la ceniza. Tenía esperanza de que pasaran por allí los servicios sociales a llevarle al menos una escudilla de sopa caliente pero pasaban los minutos, los eternos minutos, y no sentía venir a nadie. Le molestaban sobre todo las puntas de los dedos y el culo; apoyado en el frío escalón de granito. “Si al menos tuviera esta noche un contacto humano; que me diera por un rato consuelo y compañía…” Pocas veces había notado tan intensamente que su cuerpo, que el mundo entero, era una prisión de la que era imposible escapar. “¿Existen los milagros? ¿Hay alguien en el mundo que pudiera ayudarme esta noche?” Tenía metida su cabeza seca dentro de su abrigo gastado; envuelta a su vez en una bufanda descolorida. Quería que al menos esta noche pasara rápido y llegara la luz y la gente, para que alguien se acercara y le diera una moneda, un contacto humano. Apoyó la espalda contra la puerta de hierro pero sintió aún más frío así que se encogió metiendo sus manos en el estómago, balanceándose adelante y atrás, adelante y atrás. Al rato metió la mano en el bolsillo y sacó su último cigarro; no podía esperar más. Justo cuando le prendió fuego vio que alguien se acercaba. Era un hombre grande que tenía un abrigo largo y usaba unas botas de suela gorda que al andar hacían ruido por las hebillas.

Cuando estuvo a dos pasos Julián se dirigió a él: “¿Quiere una calada, amigo? Feliz Navidad”. El hombre paró su marcha, se giró hacia él y se agachó cogiéndole el cigarro; luego lo tiró al suelo y lo aplastó con su bota. Sin decir palabra se abrió el abrigo y sacó un bate de béisbol con el que golpeó la cabeza de Julián. Luego siguió su camino.

De pronto Julián recordó una noche de verano en el que todos reunidos veían la tele desde la calle, sentados en sus mecedoras. Tan mal se veía la tele, llena la pantalla de puntos negros, grises y blancos, recordó Julián, que su padre la apagó, pero aún quedó un punto blanco en el medio. Un punto brillante que tardó un rato en apagarse. Julián recordó que su padre sacó la guitarra para que todos cantaran mientras el punto blanco, en medio de la tele, iba desapareciendo poco a poco.

Julián podía ver el mismo punto blanco en medio de sus ojos mientras iba dándose cuenta que sí podía ser posible escapar del mundo, de su propio cuerpo.

jueves, 16 de diciembre de 2010

DRIU LA ROCHELLE

Este escritor francés nacido en París en 1889 fue comunista y luego fascista. Consideraba el fascismo sólo como una etapa hacia el comunismo. Al final se declaró abiertamente fascista.

Sus libros más importantes fueron: «Gilles», «Relato secreto» sobre el suicidio, “Estado Civil”, “Fuego Fatuo”, etc. Luchó en la primera guerra mundial y fue herido en Verdúm. Fue coautor del manifiesto surrealista para pasarse luego al dadaísmo.

Fue siempre inseguro y autodestructivo. Luchó duro por su obra pero nunca tuvo conciencia positiva hacia ella, aunque fue elogiado nada menos que por Thomas Mann, Lacan, Raymond Russel o Benjamín Croce.

“En 1932 viaja a Argentina dónde da un ciclo de conferencias organizado por su íntima amiga Victoria Ocampo. Allí conoce a Borges, con quien automáticamente establece estrechos vínculos.”

Se suicidó en 1945, en casa de Colette Jeramec después de tomar una buena ración de gas mezclado con un atracón de barbitúricos. Estaba siendo perseguido por su apoyo a los nazis en la ocupación de Francia. Tenía 56 años.

martes, 7 de diciembre de 2010

EJECUCIONES

ROGER CASEMENT 1864-1916

JULIAN ASSANGE 1971-2010