Datos personales

Mi foto
ermigiru@gmail.com

domingo, 28 de marzo de 2010

27/03/2010


Casi nunca acepto las papeletas que infinidad de personas reparten a diario entre los transeúntes de Madrid para anunciar cosas. Sé que nada me va a interesar y en el mejor de los casos acabarán en pocos segundos en la papelera. Pero el otro día pensé que podía ser un desplante para gente que intenta ganarse así la vida y me dije que al menos ese día aceptaría toda clase de ellas. La primera era para anunciar una feria de vehículos en las cuales no hace falta apenas nada para adquirir uno: sin entrada, sin avales, con el regalo del seguro; casi podría seguir leyendo: “¡y sin dinero!”. En el siguiente el papel me ofrece dinero a cambio de joyas, de oro. Si uno camina por el centro de Madrid verá un ejército de personas anunciando que compran oro. El mercadeo de la necesidad. En otra papeleta se me ofrece trabajar a tiempo parcial o completo. Sin experiencia, con flexibilidad horaria e incluso sin desplazarme de mi domicilio. Y me pregunto ¿Habrá personas que se crean estas cosas? Y claro, cuando uno echa un sedal al mar siempre hay un pez lo suficientemente hambriento o curioso para morder el anzuelo.
Debe de haber mucha gente con verdaderos problemas. Pero, por supuesto, también hay papeletas para solucionar esto: ¡Una consulta espiritual! Se le solucionarán sus problemas sentimentales, espirituales, matrimoniales, enfermedades, económicos...-¡Dios mío, ¿cómo no va la gente en masa a pedir socorro?-, brujería, plagas, maldición hereditaria -¿cómo podría yo renegar de mi herencia hereditaria?-, envidias, cuerpo abierto... –¿qué es eso? ¡cuerpo abierto!- ¿yo tengo el cuerpo abierto? ¿quién no tiene el cuerpo abierto? No entiendo nada. ¿Hay gente que acude a estos sitios? Mucho me temo, por la cantidad de ellos que pululan por las calles, que sí. Qué pena.

martes, 23 de marzo de 2010

Jean Potocki


Sin poder soportar sus dolores de cabeza y la fiebre alta que le aquejaba, el noble polaco Jean Potocki, se encerró en su biblioteca, se fabricó una bala de plata, limándola, y se disparó un tiro en la cabeza. Era el año 1815. Tenía cincuenta y cuatro años.
Fue un viajero incansable y un erudito lector. Su novela más famosa es "Manuscrito encontrado en Zaragoza". Para darle veracidad a su narración, inventó el hallazgo de un manuscrito por un oficial napoleónico en el sitio de Zaragoza.
Para mi es una novela de esas románticas con aparecidos a media noche, con espíritus de señoritas vestidas con velos transparentes, con esqueletos, caminos plagados de bandidos, posadas solitarias e historias paralelas. Un libro que se podría inscribir dentro del género fantástico y romántico.

miércoles, 17 de marzo de 2010

17/03/2010


Me gustan también los domingos fríos en los que salgo a pasear por el campo. Uno llega al hogar cansado, con la cara helada, con apetito y con el pan debajo del brazo. Se descorcha una botella de vino mientras se sirve en la mesa un trozo de queso y un plato suculento de cocido bien caliente. Luego, después del postre, uno se sienta en el sillón pegado a la lumbre y se adormila mientras intenta leer la prensa, un libro o ver un programa de televisión. Me gusta comer. ¿Qué más placentero que un viaje gastronómico? Hace años, muchos años -era muy joven-, fuimos a una sesión doble de cine: una erótica, muy en boga entonces, donde intentábamos atrapar todas aquellas imágenes que luego nos servirían para masturbarnos y otra: violenta, de vaqueros, de persecuciones, o cómica, o de guerra. De la erótica “Susana quiere perder ESO” apenas recuerdo el cuerpo perfecto de una mujer en braguitas poniendo cachondo al personal retozando de cama en cama; si se rodara ahora se llamaría “Susana quiere perder PESO”; y de la otra película sólo recuerdo que era italiana y que era muy mala, pero nunca olvidaré una escena en la que unos gángsteres torturan a un pobre diablo, gordo y congestionado, a comerse un descomunal plato de apetitosa pasta italiana. El hombre estaba sentado en una mesa redonda y estaba escoltado por dos malhechores con metralletas. Cuando el hombre interrumpía su ingesta, con la boca chorreando tomate aceitoso, los otros le amenazaban con dispararle. En aquel momento yo debía tener mucha hambre porque nada me hubiera gustado más que estar sentado en aquella mesa, “sufriendo” esa tortura. También, cómo no, me hubiera gustado, aunque la película fuera mala mala, estar metido en aquella cama.
Terminando de leer “Tumbas de poetas y pensadores” de Cees Nooteboom. Nunca en mi vida he visitado la tumba de un ser querido. Respeto pero no entiendo a la gente que va. Solo en nuestro recuerdo cariñoso –o rencoroso- viven ellos por unos pocos años, y luego, cuando vayamos desapareciendo nosotros, ni eso. Sin embargo sí fui a visitar la tumba de Robert Graves en Mallorca. Está enterrado en el cementerio de Deiá, cerca de la tapia de la iglesia desde donde se contempla un paisaje mediterráneo precioso y cerca de donde vivió él muchos años. Recorrí sus estancias y vi su biblioteca, leí algunas cosas que había allí. Vi la foto de su hijo, el que murió en la gran guerra y paseé por sus jardines y huertas. Qué feliz debió ser allí con su familia y con sus amigos a pesar de todo.
El libro de Nooteboom lo tendré siempre a mano. Ha recorrido el mundo entero y visita los cementerios. Luego escribe acerca de aquellos artistas que están enterrados y su mujer hace las fotos.
Esta es la “Marca de agua” de Joseph Brodski:
Me juré a mí mismo que, si alguna vez abandonaba mi imperio, si esta anguila conseguía escapar del Báltico, la primera cosa que haría sería venir a Venecia, alquilar una habitación en la planta baja de algún palazzo para que las olas levantadas por las embarcaciones, al pasar, salpicaran mi ventana, escribir un par de elegías al tiempo que apagaba mis cigarrillos en el húmedo suelo de piedra, toser y beber y, cuando me estuviese quedando sin dinero, en vez de subirme a un tren, comprarme una pequeña Browning y volarme la tapa de los sesos sin más miramientos, incapaz de morir en Venecia por causas naturales.

domingo, 14 de marzo de 2010

PHILIP MAINLÄNDER


Si se buscan referencias en internet sobre este filósofo y poeta alemán, será inevitable que surja el nombre de Ciorán. Ciorán, el gran pesimista de la vida. El que decía que con sesenta años sabía lo mismo que con veinte. Y que se pasaba el día intentando soportarse...

Ciorán sacó del olvido a Mainländer, el autor de “Filosofía de la Libertad”, estudiando a los discípulos de Shopenhauer. Y curiosamente, también lo cita Borges en el artículo de Biothanatos, cosa que dejó bastante impactado a Ciorán. Tanto que llegó a decir “Si le cito este ejemplo es porque a partir de ese momento me puse a reflexionar seriamente sobre la condición de Borges, destinado, forzado, a la universalidad, obligado a ejercitar su espíritu en todas las direcciones, aunque no fuese más que para escapar a la asfixia argentina”.

Sostenía Mainländer que el principio del tiempo correspondía a la muerte de Dios. Abogaba por la esterilidad extendida a toda la humanidad (con la virginidad correspondiente) y al suicidio; como método para evitar de una vez por todas el sufrimiento inherente al ser humano. ¿Cuántas veces habré dicho yo estas cosas medio en broma medio en serio?

Mainländer; seudónimo de Philipp Batz, nació en Offenbach del Meno el 5 de octubre de 1841 y se suicidó el primer día de enero de 1876. Tenía 34 años.

viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes


Tenía preparada otra entrada para este diario pero la actualidad se impone y es triste. Esta mañana ha muerto Miguel Delibes. Cuando íbamos a la escuela y comenzamos a escuchar los nombres de los grandes de las letras, tendíamos a mezclarlos a todos. Delibes era tan grande, tan famoso, tan prestigioso, tan... eterno, que yo lo imaginaba al lado de Cervantes o de Quevedo o de Lope de Vega por decir solo unos pocos clásicos. Para mí estaban en el mismo plano. Luego me llevé una sorpresa cuando me enteré de que no solo estaba vivo sino que no era muy mayor.
Ahora han pasado los años y se ha hecho viejo y se ha muerto y ayer salió su hijo que se parece a él en Tv para hablar de Félix Rodríguez de la Fuente que también se murió.
A todos les debe pasar, llegando a esa edad, tener esa sensación de la que hablaba Julio Caro Baroja poco antes de morir: “Me asombra haber vivido tanto”.
De entre todos sus libros recuerdo con especial cariño El Camino. Por su ternura, por su fe en la vida, por su inocente sabiduría. También recuerdo el placer de lectura que me deparó su novela “El Hereje”, o Diario de un cazador; al único cazador al que he entendido. O “Señora de rojo sobre fondo gris”. Jamás he oído hablar tan bien de una persona con la que has compartido la vida. Ese libro rezuma amor y admiración por todos lados y cómo la muerte acabó con todo aquello.
En fin, quería rendirle hoy un homenaje a Miguel Delibes, ahora sí, convertido en todo un clásico.

jueves, 4 de marzo de 2010

Leopoldo Lugones

Conocí la existencia de este poeta y escritor argentino a través de la obra de Borges. Concretamente, por un microcuento –el primero de El hacedor- y en el que recrea un encuentro imposible entre él y Lugones y continúa: "...En este punto se deshace mi sueño, como el agua en el agua. La vasta biblioteca que me rodea está en la calle Méjico, no en la calle Rodríguez Peña, y usted, Lugones, se mató a principios del treinta y ocho..." Demasiado para mi: admirado por Borges y suicida...le tuve que seguir la pista.
Lugones fue una veleta política. Militó tanto en partidos de esencia socialista como conservadores, al final, ultranacionalista de la causa Argentina y desencantado, como no podía ser menos, con los gobiernos que se sucedían en su época –Borges decía que la solución política de Argentina era disolver el Gobierno y convocar elecciones democráticas doscientos años después-. Se vio pronto inclinado hacia la literatura y lo revolucionario, también por la ciencia.
Sin poder hacer comparaciones, se ve que fue una suerte de Borges antes que Borges: un ser humano lleno de sabiduría y cultura por todos sus poros –se dice que ya con diez años tenía una memoria portentosa que servía para amenizar las tertulias de la familia- Desde 1915 hasta su muerte es director de la Biblioteca Nacional de Maestros.
Tan desengañado está del devenir político y de las feroces críticas de sus coetáneos (a saber), que en un hotel de la Isla del Tigre, cerca de Buenos Aires, ingiere whisky mezclado con arsénico. Tenía sesenta y cuatro años.
Un poema suyo sobre la “historia de su muerte”:
HISTORIA DE MI MUERTE
Soñé la muerte y era muy sencillo:
Una hebra de seda me envolvía,
y a cada beso tuyo
con una vuelta menos me ceñía.
Y cada beso tuyo
era un día.
Y el tiempo que mediaba entre dos besos
una noche. La muerte es muy sencilla.
Y poco a poco fue desenvolviéndose
la hebra fatal. Ya no la retenía
sino por un sólo cabo entre los dedos...
Cuando de pronto te pusiste fría,
y ya no me besaste...
Y solté el cabo, y se me fue la vida.

martes, 2 de marzo de 2010

Nuestras hermanas las Ratas. Michel Dansel



Hace unos años, deambulando por la FNAC de Callao, en un estante a ras del suelo y, fatigoso por lo agachado de la postura, encontré un librito en un estante inferior, que para mí es de los más valiosos que tengo. Es de color plata, de tapa blanda y con la caricatura de una rata en la portada. Su título es Nuestras Hermanas las Ratas de Michael Dansel. Este autor, surrealista francés, creó una revista, “Rattus,” que consistía en publicar cualquier noticia, documento o anécdota, relacionado con las ratas.

Mi madre me contagió el temor a las ratas. Pero me he sentido toda la vida interesado por la forma de vivir que tienen. Por supuesto adquirí este libro que ahora tengo entre las manos.

Su lectura es una delicia. Está lleno de historias increíbles. Cita a numerosos autores literarios que alguna vez se han encargado de contar algo sobre las ratas. Hay un parrafito que muestra por qué y de dónde sacó material para este libro: “Mi vocación de ratólogo se apoya en un largo y minucioso trabajo que consiste, desde hace muchos años, en clasificar en una habitación, a la que llamo mi ratoteca, el más mínimo documento, la más mínima información, sobre ese fecundo múrido”

Son inteligentes, oportunistas, gregarias, flexibles, rápidas, escurridizas cuando pueden y agresivas en la defensa. Las ratas pueden “comer cualquier cosa, desde la oreja de un bebé, hasta el hilo telefónico, pasando por cemento, frutas y cereales”

“...un desratizador echó gases tóxicos en un agujero de ratas. Algunos segundos más tarde, vio surgir por ese orificio una kamikaze reculando. El animal se quedó inmóvil cuando se encontraba a mitad del agujero y llenó su vientre de tal modo que quedase obstruida la salida. Durante ese tiempo sus congéneres, salvadas de la asfixia, salieron pitando por otro agujero”

“Un día, dos pequeñas ratas se paseaban santurronamente una al lado de la otra. De súbito se oyó un tiro de carabina. Una de las paseantes, herida de muerte, se desplomó. El hombre, quiero decir el asesino, que cometió ese crimen, iba a cometer otro, pero observó que la rata que no había sido herida se había quedado inmóvil. Con precaución, se acercó a ella y constató que estaba ciega. En cuanto a la que yacía en el suelo, en su hocico tenía una pequeña ramita para guiar a su compañera ciega”

¿No es encantador?