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lunes, 27 de abril de 2009

PRIMO LEVI



El 11 de abril de 1987 Primo Levi se arrojó por el hueco de las escaleras de la casa en la que vivía. Sus amigos dicen que se había saltado el tratamiento de antidepresivos que venía tomando. Dicen que no podía soportar contemplar el grave deterioro de su madre, una nonagenaria enferma. Ver sus ojos le hacía sufrir y recordar a sus compañeros esqueléticos del campo de concentración en que fue internado cuando era un joven trabajador recién licenciado de químicas.
No exagero en decir que su trilogía sobre su experiencia en el campo de concentración de Auschwitz es de lo más impactante que he leído en mi vida. También digo que es de lo mejor narrado. Levi tiene la facultad extraordinaria de narrar lo inenarrable.
Nunca podré olvidar el gesto de un prisionero enfermo (es como si lo hubiera visto con mis ojos), sediento y ardiente de fiebre que le imploró a Levi un sorbo de agua y que éste no pudo olvidar el dolor profundo que le causó el tener que mentirle y decirle que no existía el agua, cuando la verdad era que venía de echar un trago a un charco formado por el hilillo de agua de una cañería rota.

Levi nació en Milán en 1919 en una familia judía. Fue un estudiante más inclinado hacia la ciencia que hacia las letras. Su experiencia fue la clave, la obligación, de que Levi se hiciera escritor y hoy está considerado como uno de los mejores escritores italianos del siglo XX.
Participó como resistente y después de ser delatado, fue llevado a su encierro junto con 7.500 italianos más. Sólo 800 volvieron. Y él fue de los que mejor supieron dar testimonio de la tragedia que les tocó vivir.
Cuenta Levi que sobrevivió por necesitar los nazis en aquellos precisos momentos mano de obra esclava y ser un buen químico.
Los libros que he leído de él y que nunca dejo de recomendar son: Si esto es un hombre, donde nos cuenta el universo penitenciario como un mundo estanco y horrible, lleno de alaridos y gritos de mando. La Tregua donde cuenta el periplo asombroso de meses y meses en tren por toda Europa. Los Hundidos y los Salvados donde reflexiona sobre la responsabilidad, sobre la libertad, la piedad... el sin-sentido: muchos optaron por el suicidio inmediatamente después de la liberación. Y El Sistema Periódico: libro original donde se utiliza los nombres de los distintos elementos químicos para perfilar personajes e historias autobiográficas.
Poco antes de morir le entrevistaron para una editorial y le preguntaron si estaba deprimido. Contestó que no, que no lo creía, que había sobrevivido, que había contado y había testimoniado.

miércoles, 22 de abril de 2009

J.K. HUYSMANS. ALLÁ LEJOS



Decía J. K. Huysmans que pocas conversaciones hay más animadas que las que se entablan en torno a la religión. Todos exponen, generalmente de forma fogosa, puntos de vista sobre cosas que nadie ha visto, ni verá. También decía, aunque ahí no estoy tan de acuerdo, que la vida de los santos son interesantes ¿no son acaso fábulas, literatura?
Dice estas cosas y muchas más en su estupenda novela “Allá lejos” que leí hace ya tiempo y que releo estos días. En ella hay dos personajes encantadores que conversan sobre una novela que va a escribir uno de ellos: Durtal. El otro se llama Des Hermies. Los dos rechazan el tiempo que les ha tocado vivir y desprecian el naturalismo nada más comenzar a presentarnos de qué va la cosa. Por eso se definió esta novela de estilo decadente. Pero a mí personalmente lo que me gusta más de esta novela es la novela que está escribiendo el personaje Durtal. Trata sobre Gilles de Rais, el que fue lugarteniente de Juana de Arco. Pero no hace un libro basado en documentos. No cree, como yo, en la fiabilidad de la historia, y echa pestes, por ejemplo, sobre el historiador Michelet: ¿cómo vamos a creernos acontecimientos de hace siglos si no nos ponemos de acuerdo en cosas que sucedieron ayer? Así que el autor-personaje, elabora una mixtura entre lo que se sabe y lo que intuye, recreando la historia de Gilles con materiales hechos de actas y ficciones.
Las conversaciones entre Durtal y Des Hermies tienen lugar generalmente en una abarrotada y confortable biblioteca pero otras veces pasean por las calles de París o visitan iglesias como la famosa Saint-Sulpice. En ésta por ejemplo, donde vivía un matrimonio en las estancias superiores de una de las torres, Durtal no puede evitar echar un vistazo a los libros aun habiéndole advertido el Sr. Hartaix, quien a la postre vivía allí con su mujer, que trataban casi exclusivamente de campanas. Allí comían diferentes platos cocinados por ella y queso con excelente vino.
Gilles de Rais es un caso asombroso entre la enormidad de biografías. Pasó de ser un joven de buena familia, bien parecido, erudito, mariscal, inmensamente rico, amante de la belleza y los objetos raros, a ser un demonio enloquecido asesino y violador de niños. Parece ser que estuvo alrededor del proceso a Juana de Arco y su posterior suplicio en la hoguera. Así que dejó a su mujer con quien lo habían casado a los dieciséis años y se enclaustró en su castillo “Tiffauges”. Allí, valiéndose de su inmensa fortuna y del sumiso servicio doméstico, comenzó a raptar niños desde las comarcas de los alrededores. Parece ser que asistía a misas negras y hacía rociar las hostias en polvo de carne chamuscada mezclada con sangre. Por cierto, se cree que escribió algunas páginas con sangre de niño. Qué locura la de algunos hombres.
Si el mundo había sido capaz de castigar a una mujer en loor de santidad, él castigaría al mundo.
Un libro decadente, que no está ni estará de moda, que será difícil de encontrar, pero deliciosamente atractivo de leer.

miércoles, 15 de abril de 2009

José Asunción Silva. 1865-1896


El poeta colombiano José Asunción Silva tiene una hermana llamada Elvira, de cariño tan estrecho que a veces han llegado a definir su relación como de incestuosa. Después de dejar sus estudios se asocia con su padre en un negocio de almacenaje.
Viaja a París y conoce a personajes como Mallarmé. Cuando muere su hermana siente una profunda depresión pues era parte de su sustento emocional y confidente. Y por otra parte los negocios que hereda del padre se vienen abajo por culpa de la guerra.
Se le considera precursor del modernismo
Para incidir en sus desgracias, naufraga cerca del Puerto Colombia y pierde los papeles: montones de manuscritos de poesías y ensayos; los mejores según él mismo. Intenta introducirse otra vez en los negocios y vuelve a fracasar.
Pide a un amigo que le señale el lugar exacto del corazón y un 23 de mayo de 1896 se pega un tiro. Ahí mismo. Con treinta y un años.

sábado, 11 de abril de 2009

Semana






He podido viajar unos días a la costa. A pocos kilómetros hay pueblos donde se suceden las procesiones de Semana Santa pero este año no he querido acercarme. Antes iba por ver con interés el fervor y la fe reflejados en el rostro de las personas pero ya me aburre. Alguien me comenta en la playa que quizá entre en crisis todo esto pero yo lo dudo porque es un reclamo turístico al que nadie va a renunciar. Creo que todo se ha convertido en una cosa que sobrepasa a su significado. La liturgia ciega su verdadera esencia. Capirotes, empalaos, crucificados, azotados, picados, sangre, penitencia, lágrimas, seriedad, saetas, silencio, quejidos. Todo un espectáculo del que Jesús se avergonzaría diciendo: “No, esto no, no era esto”.
Suele suceder que en estas compungidas fechas llueva y haga frío. Este año ha sido así en muchas partes. En el telediario se repiten los mismos rostros pesarosos porque el Paso tan esperado no ha podido salir ¿No rezaron quizá lo suficiente? ¿Rezaron más los agricultores? Que me perdonen pero yo me muero de risa ¿llorar por eso?

Aprovecho los días de descanso para pasear, leer, dormir, hacer fotos. Por las tardes, cuando se va yendo el sol y va quedando solo el rumor de las olas me quedo solo sentado en la hamaca leyendo hasta que apenas distingo las letras del libro.
La última tarde me sucede algo cómico. Estoy haciendo unas fotos a la costa sin levantarme de la tumbona. Quiero hacer una panorámica y voy girando el torso hacia mi izquierda; tanto que de pronto siento que quedo en equilibrio apoyado sólo en la parte izquierda. Estoy así un segundo o dos. Al final caigo para atrás y doy la vuelta completa arañándome los muslos con los brazos de la tumbona. Me levanto irritado y veo que detrás hay dos señores mayores que se ríen pero desvío la mirada de ellos y me río dándome la vuelta ¿Será un castigo?
Otra Semana Santa que pasa. Otra semana.

miércoles, 1 de abril de 2009

Larra a los 200 de su nacimiento


El padre de Mariano José de Larra admiraba a José Bonaparte. Fue médico militar al servicio de los franceses. La familia, ante la derrota de las tropas napoleónicas tiene que emigrar a Francia. Estudia interno en París hasta los nueve años. Hay que imaginarse a un niño que vive tiempos convulsos tener que dejar su casa, partir al exilio y sentirse abandonado en un colegio para internos.
En 1818 una amnistía permite a la familia regresar a Madrid donde es de nuevo ingresado interno en diversos centros de estudios religiosos: Compañía de Jesús, San Antonio Abad, etc.
Muy joven, con diecinueve años, comienza a publicar artículos por su cuenta en revistas minoritarias. Para ganarse la vida traduce obras del francés, cosa que no le agradaba mucho.
Comienza a frecuentar cafés y tertulias literarias pero se conoce que no llega a ser amigo íntimo de nadie pues posee un carácter solitario y de sensibilidad sufriente. Larra es una de las primeras esponjas que absorben el movimiento Romántico de Francia e Inglaterra. También es un látigo hiriente a la hora de sacarnos los defectos más carpetovetónicos en artículos como “Vuelva usted mañana” donde habla de la vagancia de los funcionarios; “Empeños y desempeños” donde retrata cómo se despelleja a todo el mundo en las tertulias de taberna, etc.
Es de esas escasas lecturas obligatorias que emprendí con placer en el instituto.
Se casó en 1829 con la que decían era muy buena ama de casa pero incompatible con su temperamento. Pronto se obsesionó con una mujer casada: Dolores Armijo.
1834 no fue un buen año para nuestro escritor. Su mujer descubrió sus amores adúlteros y se divorciaron. Dejó su periódico y comenzó a colaborar en El Observador donde lo hacía de manera escasa y amarga.
Un breve y fracasado paso por la política al lado de los liberales, la muerte de su amigo el conde de Campo Alange y más y más enredos de su vida privada hicieron que sus artículos fueran adquiriendo cada vez más un tono trágico. En algunos habla abiertamente del suicidio.
El último artículo que envió a El Mundo se titulaba “Carta de un habanero” en él decía: “Soy hombre concienzudo y honrado; no extrañe usted este principio extravagante, ni me llame loco todavía; a causa de estas dos cualidades me ando solo por el mundo, por no encontrar con quien hacer pareja.”
El día 13 de febrero de 1837, después de haber recibido la visita de su amante para devolverle las cartas de amor y anunciarle que le abandonaba para volver con su marido, se sentó delante de un espejo y se pegó un tiro en la sien. Tenía 28 años.
¡Ah! firmaba como Fígaro.